Puntos clave
- La última erupción de Timanfaya ocurrió en 1736, por lo que lleva inactivo casi tres siglos.
- El parque está clasificado como un volcán activo, aunque no supone una amenaza inmediata para los visitantes.
- La energía geotérmica residual de la actividad volcánica pasada calienta el suelo a metros de profundidad bajo la superficie.
- Es seguro situarse sobre las anomalías térmicas durante la visita; el parque está cuidadosamente gestionado para proteger a los visitantes.
- Los científicos controlan continuamente la actividad sísmica y la temperatura del suelo para detectar con antelación cualquier cambio.
¿Cuándo fue la última erupción de Lanzarote?
La erupción volcánica más reciente de Lanzarote tuvo lugar en 1824, cuando surgieron flujos de lava de respiraderos situados en la zona norte de la isla. Antes de eso, un período de actividad mucho más intenso transformó todo el paisaje: entre 1730 y 1736, una serie de erupciones convirtió aproximadamente un tercio de Lanzarote en un árido terreno volcánico. Aquel episodio de seis años creó las Fire Mountains (Montañas del Fuego) y los campos de lava que se atraviesan durante una visita a Timanfaya National Park. La erupción de 1730-36 fue una de las más largas y voluminosas de la historia documentada de España, cubriendo aproximadamente 200 square kilometers y desplazando a miles de isleños. La erupción de 1824 fue mucho menor en escala y duración, ya que solo duró unas semanas, pero añadió lava reciente a las laderas del norte y demostró que el sistema volcánico de la isla seguía activo.
Tras 1824, Lanzarote entró en un período de calma que ya dura casi 200 años. Desde entonces no se han producido erupciones ni ha llegado magma a la superficie. Sin embargo, la ausencia de actividad reciente no significa que el sistema volcánico esté extinguido. Bajo sus pies, mientras se encuentra en el Islote de Hilario en Timanfaya, el calor aún se irradia desde rocas que siguen estando considerablemente más calientes de lo que deberían a esa profundidad.
¿Se considera Timanfaya un volcán activo?
Desde el punto de vista geológico, Timanfaya está clasificado como activo, aunque actualmente no está en erupción. La distinción es importante: un volcán activo puede entrar en erupción y muestra señales de inestabilidad, mientras que un volcán inactivo puede no entrar en erupción durante siglos o no volver a hacerlo nunca. Timanfaya conserva claramente calor interno y sigue formando parte de un sistema volcánico vinculado a la dorsal mesoatlántica. La presencia de anomalías geotérmicas medibles y la ubicación de la isla en un límite tectónico activo hacen posibles futuras erupciones, aunque la probabilidad sea baja en un año concreto.
Los científicos que vigilan el volcán no esperan una erupción inminente, pero mantienen sistemas de vigilancia precisamente porque el riesgo no puede descartarse por completo. La clasificación como activo es una designación preventiva basada en pruebas geológicas, no en su comportamiento actual. Si Timanfaya estuviera realmente extinguido, estas redes de vigilancia probablemente se reducirían o se desmantelarían.
Demostración de fuego: la maleza prende con el calor geotérmico a varios metros de profundidad
El calor bajo el Islote de Hilario
Una de las características más llamativas que descubren los visitantes en Timanfaya es la anomalía geotérmica residual bajo el Islote de Hilario, un cono volcánico dentro del parque nacional. En la superficie, las temperaturas son normales, pero a solo unos metros de profundidad, la roca alcanza temperaturas abrasadoras. El agua vertida en agujeros del suelo emerge en forma de vapor en cuestión de segundos. Las plantas se incendian espontáneamente al colocarlas en determinados puntos. Este intenso calor ha intrigado a los científicos durante décadas, y su explicación está relacionada con el lento enfriamiento y la energía térmica atrapada de erupciones que terminaron hace casi 300 años.
La erupción de 1730-36 depositó enormes cantidades de lava por toda la región, y gran parte de este material alcanzó un espesor excepcional en algunas zonas. La roca se enfría muy lentamente; una colada de lava de varios metros de profundidad puede tardar siglos en alcanzar la temperatura ambiente. Islote de Hilario se asienta sobre una sección de lava especialmente gruesa, y las propiedades aislantes de la roca hacen que el calor de las capas más profundas siga ascendiendo. Además, la circulación de agua subterránea puede verse restringida en determinadas zonas, lo que impide una disipación eficaz del calor. La anomalía no prueba la existencia de cámaras magmáticas activas cerca de la superficie; se trata más bien del calor residual de antiguas erupciones que aún está saliendo del subsuelo.
Cómo monitorizan los científicos la actividad volcánica
La actividad volcánica de Lanzarote es monitorizada por Involcan, el Instituto Volcanológico de Canarias, que opera una red de estaciones sísmicas distribuidas por toda la isla. Estos instrumentos detectan incluso terremotos muy pequeños provocados por desplazamientos de roca, movimiento de fluidos o cambios de presión en el subsuelo. Un aumento repentino de la actividad sísmica, especialmente de un tipo concreto denominado terremotos de largo período, puede indicar que el magma está en movimiento. Involcan también controla la deformación del terreno mediante datos de GPS y satélite; si el volcán se inflara debido al ascenso del magma, la superficie terrestre se abombaría de forma medible.
Además de las redes sísmicas, los científicos monitorizan las emisiones de gases procedentes de respiraderos y fuentes termales. Los cambios en la composición o la temperatura de los gases volcánicos pueden indicar variaciones en las condiciones del subsuelo. Este enfoque de varios métodos proporciona un sistema de alerta temprana con varias capas. Actualmente, todos los parámetros monitorizados en Lanzarote se mantienen dentro de los niveles normales de referencia, sin señales de inestabilidad creciente. El volcán está tranquilo, pero la ciencia no le pierde de vista.
600°
A solo metros bajo la superficie, la temperatura del suelo supera los 600°C en la anomalía térmica de Timanfaya.
¿Podrían volver a entrar en erupción las Fire Mountains?
La respuesta científica sincera es que sí, una erupción es posible, pero el momento y la probabilidad siguen siendo imposibles de conocer. Lanzarote se encuentra en el límite entre dos placas tectónicas y forma parte de un sistema volcánico más amplio; el conducto que alimentó las erupciones de 1730-36 y 1824 aún existe bajo la superficie. Sin embargo, el intervalo entre la última erupción (1824) y la anterior (1730-36) fue de aproximadamente un siglo, y el actual período de calma ya ha durado el doble. Algunos volcanes entran en erupción en ciclos regulares; otros presentan intervalos muy irregulares. Timanfaya no sigue un patrón predecible, lo que dificulta especialmente las previsiones.
Los sistemas de monitorización actuales no muestran un riesgo elevado. La actividad sísmica es mínima y normal, no hay deformación y las emisiones de gases son coherentes con los niveles de referencia. Si una erupción estuviera a meses o años de producirse, es probable que los científicos ya detectaran señales cada vez más intensas. Dicho esto, los volcanes pueden sorprender; la erupción de La Palma de 2021 comenzó con relativamente poca antelación. En Lanzarote, el enfoque prudente es una monitorización continua, no el pánico.
¿Es seguro situarse sobre la anomalía térmica?
Sí, es seguro situarse en Islote de Hilario y en los elementos termales circundantes de Timanfaya National Park. Las rocas de la superficie, incluso donde están visiblemente calientes, no alcanzan temperaturas que puedan causar lesiones inmediatas en la suela de un zapato o una bota. El calor intenso se encuentra a mayor profundidad; el vapor sale por grietas y orificios porque el agua que se filtra desde arriba entra en contacto con la roca caliente en profundidad y se convierte rápidamente en vapor. Sus pies permanecen en contacto con las capas superiores más frías de la anomalía térmica. Las autoridades del parque han evaluado cuidadosamente estos elementos y permiten el acceso de visitantes dentro de las zonas designadas.
Las espectaculares demostraciones de Timanfaya, como prender plantas secas o provocar la erupción del agua vertida en perforaciones, son prácticas seguras realizadas por guías formados que conocen la ubicación exacta de los puntos más calientes. Se aconseja a los visitantes seguir las indicaciones del parque, llevar calzado adecuado y respetar las barreras. El calor es real y científicamente relevante, pero no supone ningún peligro para quienes recorren el parque según lo previsto.
Comparación entre Lanzarote y la erupción de La Palma de 2021
En septiembre de 2021, el volcán Cumbre Vieja de la isla española de La Palma entró en erupción tras 50 años de silencio, sorprendiendo a muchos observadores. La erupción destruyó cientos de viviendas, alteró la vida de muchas personas y produjo espectaculares fuentes y coladas de lava que se retransmitieron en todo el mundo. Una diferencia fundamental entre La Palma y Lanzarote es el nivel de actividad reciente. La Palma experimentó enjambres de terremotos en las semanas previas a la erupción, una clara señal de alerta. Las redes sísmicas de Lanzarote no muestran una inestabilidad creciente de ese tipo. Además, la erupción de La Palma tuvo un inicio rápido; la última actividad confirmada de Lanzarote, en 1824, está mucho más alejada en el tiempo, lo que amplía el margen de incertidumbre.
Otra diferencia tiene que ver con el estilo volcánico y el peligro. La erupción de La Palma fue relativamente explosiva y provocó daños importantes en las infraestructuras y comunidades locales. Las erupciones históricas de Lanzarote, aunque voluminosas, fueron alimentadas por fuentes de lava más tranquilas y coladas efusivas que avanzaban lo suficientemente despacio como para que la población pudiera evacuar. La infraestructura de monitorización de Lanzarote es hoy más sofisticada que la disponible en la década de 1730, y los científicos han aprendido de La Palma y de otros acontecimientos recientes. Aunque no se puede descartar ninguna erupción con absoluta certeza, las condiciones, señales y escala temporal de Lanzarote son actualmente muy diferentes de las que precedieron al evento de La Palma de 2021.
